Por Rafael Bini
Una pregunta sencilla de responder en el mundo real,
pero muy compleja para el laberíntico mundo de las redes sociales. La
usurpación de identidad en Internet no es un fenómeno nuevo, sin embargo aún
hoy, cuando se confronta el mundo de los “fakes” (cuentas falsas), con el mundo
real podemos encontrarnos con curiosas paradojas. Mucho más si analizamos sus
efectos en Twitter, la dinámica red social que ha pasado a instalarse como la
gran agencia de noticias online de nuestros tiempos. Todos los periodistas
saben que las primicias circulan con mayor
anticipación en el formato de los 140 caracteres que en los noticieros
de la televisión o en los diarios del
día siguiente. En pocas palabras: Twitter fija la agenda periodística de cada
día.
Claro que acceder a esa agenda requiere un arduo ejercicio
de criterio previo: chequear no tres, sino treinta veces lo que se dice y quien
lo dice. Cualquiera puede lanzar información falsa utilizando cuentas “truchas”
con membrete de organizaciones periodísticas reconocidas y también puede
hacerlo suplantando la identidad de algún personaje popular, referencial en su
rubro, o formador de opinión. Un caso muy elocuente es el de las múltiples
cuentas falsas que usan el nombre del periodista Jorge Lanata para sumar su
granito de arena a la confusión general. Hagamos un zoom sobre este caso.
El verdadero Lanata arrancó en Radio Mitre a
principios del mes de marzo. Casi
simultáneamente apareció una cuenta en Twitter titulada @LanataenMitre que se sumó a otras varias que también aseguraban
pertenecer al ex director del diario Crítica. Lo curioso fue que esta cuenta,
en poco más de un mes ya era una usina con más de 4.000 tweets y superaba los
10 mil seguidores que debatían y repetían cada una de las entradas del autor.
Incluso políticos, periodistas y comentaristas twiteros reaccionaban aprobando
o desaprobando con virulencia las frases filosas y sarcásticas que –a todas
luces- replicaban la impronta del periodista. “Gracias a ustedes,
@lanataenmitre es hoy la 3ra cuenta más retwiteada de la Argentina y la más
retwiteada del mes”, agradecía el clon de Lanata a sus miles de seguidores.
La confusión era general y aunque el mismo Lanata
negaba en público y en privado ser el titular de esa cuenta, muchos lo ponían
en duda en la propia cara del periodista, llevándolo hasta la exasperación. El
clímax apareció cuando desde esa cuenta se impuso el hashtag #ChauMoreno como
TT (Trending Topic) para sumar voluntades que exigieran desde la red social la
salida del polémico secretario de Comercio Interior de CFK. Al revuelo de
aprobaciones e insultos, siguió la respuesta oficialista: #yoBancoAMoreno. En
pocas horas Twitter se transformó en un campo de batalla entre los dardos lanzados
por el supuesto Lanata y los supuestos “blogueros pagados por el Gobierno” que identificaba
el autor de @LanataenMitre.
El conflicto
Un escenario mediático confuso y, si se quiere,
irónico. Una guerra en la que nadie era quien decía ser. ¿Cómo debería
interpretar el editor periodístico de un diario convencional el debate sobre el
costo de la yerba mate instalado por el fake
de Lanata? No es un tema menor hablar del desabastecimiento de yerba mate en la
Argentina. La palabra desabastecimiento remite a climas sociales muy complejos
y dolorosos. Esa misma noche, la cuenta de @LanataenMitre fue suspendida por
Twitter.
Conclusiones surgidas a partir de estos hechos. La
primera es que sumando tres cuentas apócrifas de Jorge Lanata en Twitter como:
@LanataenMitre (10.315 seguidores), @LANATA_JORGE (8.711 seguidores) y
@JorLanata (12.249 seguidores), dan una cifra equivalente a los seguidores de
@radiomitre, la cuenta real del medio en el cual se desempeña el periodista. La
segunda conclusión es que las redes sociales han generado un fenómeno
comunicacional completamente nuevo en el ámbito periodístico. ¿Quién es quien
dice ser y quien no? Es una cuestión que debería ser contemplada
obligatoriamente antes de precipitarse en difundir o replicar lo que “se dice”.
Una última conclusión podría ser que algunas veces las cuentas truchas resultan ser más
verosímiles que el propio personaje suplantado. Algo así como la revolución de
los clones. Un fenómeno propio de la información en los tiempos de Twitter. Y
esto es apenas el comienzo.


