En este año electoral, donde la profusión de encuestas esta a la orden del día, conviene reparar y estar advertidos de la falta de seriedad de la mayoría de las que se publican.
En pocos casos se incluye una ficha técnica, y si se especifica algo, no va más allá de la cantidad de casos que abarca, y a lo sumo, si fue telefónica (en la mayoría abrumadora de las mismas) o "cara a cara". Sin embargo, ¿qué hay detrás de lo que se publica? ¿Qué criterio científico respalda a aquello que nos venden? Se observa en nuestro país una ausencia total de reglamentación o normativa para la difusión de los sondeos políticos, lo que lleva a transformarlos cada vez más en una herramienta de "operación" política, y cada vez menos en un instrumento objetivo de descripción de la realidad. A la vez, y como una increíble paradoja, este “laissez faire, laissez passer” deviene en la posterior denigración generalizada de las encuestas y de los encuestólogos por parte de los mismos políticos que las encargan y pagan, cuando lo que se difunde es contrario a sus intereses.
Habría que prestar sólo un poco de atención a lo que sucede en otros países para corroborar el nivel de desprotección al que estamos expuestos como opinión pública, cuando se nos bombardea y manipula con datos carentes de toda rigurosidad metodológica y estadística. No tan lejos de aquí, y ni siquiera en el primer mundo, en México, hay una disposición muy concreta atinente a las encuestas que son publicadas, inserta en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), en su Artículo 237.
Veamos lo que debe especificar una consultora de ese país, cada vez que publica los resultados de una encuesta, a modo de ejemplo de lo que debiéramos exigir en el ámbito local:
- Población sujeta a estudio, según características de edad, sexo, y lugar de residencia.
- Esquema de selección de la muestra encuestada, con detalle del marco muestral, y la forma de elección de las secciones electorales relevadas, de los barrios, las manzanas, las viviendas y el habitante a ser entrevistado en cada una de las mismas.
- Cantidad efectiva de personas entrevistadas.
- Perfil de la muestra encuestada, en términos de sexo, edad, máximo nivel de estudios alcanzado y nivel socioeconómico.
- Técnica de recolección de datos: si se realizó en hogares, en la calle, por teléfono o “cara a cara”
- Personal involucrado: qué cantidad de encuestadores, supervisores, coordinadores operativos, analistas de sistemas e investigadores estuvieron a cargo del proyecto.
- Método de estimación de los resultados: factores de expansión y de corrección en la muestra total y en cada submuestra.
- Error máximo y nivel de confianza estadístico de la muestra total, de los subgrupos incluidos en la misma, y especialmente de las preguntas referidas a intención de voto.
Ahora, por favor, comparemos esta rigurosidad y, -hasta cierto punto-, exageración de detalles técnicos, con la forma ligera en que son publicadas las encuestas en algunos diarios dominicales locales, y estemos preparados como ciudadanos para leer con responsabilidad lo que irresponsablemente publican día a día.
Celia Kleiman
Investigadora